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Científicos de Wildlife Conservations Society documentan por primera vez la migración de un diminuto pez que mide apenas 33 milímetros y pesa 0,38 gramos, y que logra la proeza de recorrer nadando a contracorriente una distancia de más de 370 km por el río Beni y en 30 días, lo cual lo convierte en el pez de agua dulce que mayor esfuerzo realiza durante su viaje. 

Cada año, tras la inundación que se produce por el desbordamiento del río Beni, decenas de miles de peces de la especie Trichomycterus barbouri (conocida localmente como chipi chipi, que en lengua tacana significa muy pequeño) emprenden juntos una larga travesía que se inicia en la planicie de inundación del río Beni y que son los lugares de crianza de los alevines, hasta el piedemonte andino, más arriba de la confluencia de los ríos Kaka y Alto Beni. En su trayecto atraviesan la zona de los estrechos del Suse y el Bala (a la altura de Rurrenabaque), en las últimas estribaciones de la cordillera andina, una zona caracterizada por la velocidad de la corriente del agua y su mayor caudal. En este punto los cardúmenes se desplazan por las rocas de las orillas, escalando y sujetándose a ellas con sus minúsculos dientes. 

Para los pobladores que viven a las orillas del río Beni, este es un momento de pesca importante, sobre todo en Rurrenabaque. Su captura es muy fácil debido al movimiento grupal de los cardúmenes y a su amplia extensión (30 metros en la planicie y 50 metros en las partes altas). Muchas familias aguardan en las orillas y tienden sus redes de arrastre para capturar el mayor número de chipi chipis, lo que les permitirá preparar uno de los platos típicos de la región, conocido como dunucuavi, que se cocina a la brasa utilizando la hoja del patujú o japaina. Estos peces son comercializados durante la temporada en el mercado regional. Se ha calculado que en esta última migración las familias de Rurrenabaque lograron pescar más de 166.000 individuos (equivalente a 50 kg), lo que muestra su importancia económica y para la seguridad alimentaria. 

Para la realización del presente estudio, conducido por Guido Miranda Chumacero, científico de WCS, se estableció una red de observadores en diferentes puntos a lo largo del río Beni, se hicieron estimaciones de las rutas y los tiempos de migración y se llevó a cabo un registro fotográfico y fílmico. Una de sus conclusiones importantes es haber logrado registrar la magnitud del esfuerzo empleado por una especie tan pequeña, en relación a su peso y a la distancia recorrida. Otro aspecto relevante es su pertenencia a un género singular, especies de este grupo han sido reportadas en cavernas y aguas termales, y se encuentran distribuidas en diferentes regiones ecológicas. No se sabe aún si este comportamiento de migración de T. barbouri es único o es compartido por otras poblaciones de la misma especie en otras cuencas. 

Queda aún por comprender los beneficios de esta migración masiva para la supervivencia de la especie. Una hipótesis, de acuerdo a Miranda, es que aguas arriba se produce el desove durante la época de lluvia y que los huevos son arrastrados por la corriente hasta la planicie de inundación. Cuando las aguas comienzan a bajar estos peces salen de los cuerpos de agua antes de que queden desconectados del cauce principal del río, en ese momento los juveniles inician su migración río arriba.Todo este esfuerzo desarrollado como una estrategia para evitar su depredación.

Este caso es un ejemplo más de que el norte de La Paz –una de las regiones más biodiversas del planeta– aún
guarda maravillas que restan por comprender y admirar.

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